Kreutzer. Lista de reproducción
Études ou Caprices por Violon Seul (42 Estudios)
Se trata de una de las obras más conocidas de Kreutzer, cuya faceta pedagógica es más reconocida que sus aportes como intérprete o compositor. Se publicó en el año 1796, y forma parte del repertorio tradicional para el aprendizaje del violín. Estos estudios no son solo un compendio de los principios técnicos del violín clásico, sino que también representan un punto de conexión entre los ideales interpretativos del clasicismo y el virtuosismo expresivo del romanticismo.
Kreutzer logró sintetizar en estos estudios elementos de la funcionalidad técnica y el contenido musical. No solo influyeron sobre el desarrollo técnico del instrumento, sino también fomentaron la comprensión estilística y expresiva del violín. La colección está organizada por los diferentes aspectos que el intérprete ejercita en cada composición, no por una progresión de su dificultad. Así, cada composición se enfoca en explorar un aspecto técnico en específico: por ejemplo, control del arco, arpegios, octavas, etc. Estos estudios tuvieron un gran impacto sobre la pedagogía del instrumento, especialmente en la metodología de enseñanza de la Escuela Francesa de Violín; una institución que Kreutzer fue clave para consolidar y que tuvo su época de mayor auge en los siglos XVIII Y XIX.
En suma, los 42 Études de Kreutzer representan un momento clave para la evolución del violín y su escritura idiomática. Publicados en una época en la que se consolidó el arco moderno de François Tourte y marcados por nuevos parámetros de sonoridad y proyección, los estudios de Kreutzer supusieron un modelo de sistematización técnica que influyó en gran medida sobre la enseñanza del violín en la época y en la posteridad.
La Mort d’Abel
La ópera La mort d’Abel (1810) de Rodolphe Kreutzer es una tragedia lírica en tres actos que surge dentro de un contexto particular de la historia francesa: una época marcada por la consolidación del Imperio napoleónico, un hecho que tuvo una fuerte influencia sobre el panorama de las artes en la época. Kreutzer, más reconocido por su labor como pedagogo y violinista, muestra aquí su sensibilidad como compositor hacia las corrientes intelectuales y artísticas que marcaron el desarrollo de la ópera en Europa.
El libreto, de François-Benoît Hoffman, desarrolla el relato bíblico de Caín y Abel, pero incluye una figura que encarna a Satanás: un genio oriental llamado Anamalech. Kreutzer emplea múltiples recursos teatrales y musicales para representar a este ser sobrenatural: la primera aparición de Anamalech es una voz subterránea que interrumpe la armonía entre los hermanos. Esto le da a la ópera, más allá de un carácter religioso y moralizante, un gran valor teatral y artístico.
Respecto a por qué esta obra no alcanzó mayor éxito y trascendencia, es necesario considerar el contexto político de la época. Napoleón desdeñaba la representación de temas bíblicos en la ópera y el teatro, alegando que “estos temas deben dejarse a la Iglesia”. Pese a ello, aprobó el estreno porque el montaje estaba bien avanzado para el momento. Esta tensión entre arte, religión y poder político es clave para comprender la posterior recepción de la ópera, que solo fue representada una segunda vez en 1825.
Lodöiska
Lodoïska (1791) es una de las obras escénicas más relevantes de Rodolphe Kreutzer. Es una ópera-comique en tres actos, que no solo refleja la renovación del género en esta época, sino que responde a los significativos cambios sociales y políticos que tuvieron lugar en el contexto de la Revolución francesa.
Históricamente, esta obra marca un punto de convergencia entre lo musical y lo ideológico. Su temática de liberación y resistencia frente a la tiranía resonó profundamente con el público de 1791, en una París efervescente de cambio político. Según Julia Doe en Opéra-comique on the Eve of the Revolution, hacia la década de 1780 la opéra-comique desafió el predominio del género de la tragédie-lyrique, relacionado con la aristocracia, desplazándolo como forma de teatro nacional legítima.
Por otro lado, Lodoïska cuenta con un gran ensamble orquestal, que le permitió tener una sonoridad particular e innovadora en la época. Esto, dice Doe, aunque podría relacionarse con los festivales revolucionarios y desfiles al aire libre, también se debe a las grandes dimensiones de la Salle Favart: una sala de teatro en París clave para el desarrollo del género. Esta sala dependía, parcialmente, del financiamiento de las élites aristocráticas. Aquí encontramos parte del espíritu profundamente contradictorio de la época: un arte nacional popular con ideales revolucionarios, pero financiado por las élites aristocráticas.
En fin, Lodoïska es una obra que ejemplifica el tránsito de la opéra-comique hacia un arte nacional con nuevos valores, mostrando las profundas conexiones entre el arte y la política.
Concierto n.º 19 en re menor para violín y orquesta
Uno de los géneros más relevantes en la obra de Kreutzer como compositor son sus conciertos para violín. Escribió un total de 19 antes de 1810, y los componía mayormente para interpretarlos él mismo en los Concert Spirituel de París. Sin embargo, después de la Revolución, estos eventos dejaron de hacerse. Luego de 1800 comenzaría una segunda etapa de composición de conciertos para Kreutzer. No obstante la datación exacta de estas composiciones es difícil de puntualizar.
Todos los conciertos de Kreutzer están compuestos en tres movimientos, con un esquema rápido-lento-rápido. También destacan por tener un fraseo libre y largas líneas melódicas, en las que resalta el violín como instrumento solista, tratado con un lirismo que puede relacionarse a la proximidad que tuvo Kreutzer con la ópera. El Concierto n.º 19 destaca por las variaciones rítmicas en la línea del violín solista, que repite patrones melódicos muy parecidos incluyendo nuevas figuraciones rítmicas. Esto se relaciona con el desarrollo de la escritura idiomática para el violín que Kreutzer adoptaría e incluiría tanto en sus composiciones destinadas a la pedagogía como en sus conciertos.
En resumen, los conciertos para violín de Kreutzer reflejan su virtuosismo como intérprete y su interés por expandir las posibilidades expresivas del instrumento. Estas obras sintetizan las influencias de Kreutzer y sus principales aportes como compositor al desarrollo de un lenguaje propio y de nuevas técnicas para la música de violín.
Concierto n.º 16 en mi menor sobre temas de Haydn
Las circunstancias de composición del Concierto n.º 16 en mi menor fueron muy particulares. En 1806, se expidió una noticia falsa sobre la muerte de Joseph Haydn. Ante el supuesto fallecimiento del célebre compositor, Kreutzer decidió rendirle homenaje escribiendo un concierto sobre temas reconocibles de algunas de sus sinfonías. Para ello, en este concierto Kreutzer integra explícitamente materiales temáticos tomados directamente de la obra de Haydn, superponiéndolos con motivos originales, para así componer una obra en la que dialogan los lenguajes de ambos compositores.
De esta manera, Kreutzer incluye motivos característicos de la Sinfonía “Trauer” (Fúnebre), cuya selección no es casual, ya que está directamente relacionada con la pérdida y el fallecimiento. Asimismo, emplea materiales extraídos de la Sinfonía “Londres”, y la Sinfonía n.º 44. Esto evidencia cómo Kreutzer fue capaz de recontextualizar estos motivos y darles un lugar dentro de su propio lenguaje compositivo. Además, incorpora motivos propios, entrelazando tanto el material “prestado” de Haydn junto con su propio material original.
Con respecto a la instrumentación, ésta se aparta de los otros conciertos de Kreutzer, y del estilo característico de Haydn. Esto contribuye a que el Concierto n.º 16 destaque entre el repertorio del compositor, ya que no constituye solamente un homenaje, sino también un ejercicio del ingenio y la habilidad de síntesis de Kreutzer, quien demuestra su capacidad para aprehender, transformar y reinterpretar el lenguaje de otro compositor dentro del suyo propio.
En definitiva, este concierto pone en entredicho cómo la música y las circunstancias históricas y personales de los compositores se relacionan, y cómo las obras pueden dialogar entre ellas a través del tiempo y el contexto histórico que las atraviesan.
